Los hackers se sirven de una amplia gama de artimañas para conseguir entrar en un sistema. Pueden acudir a la denominada "ingeniería social", que consiste en ganarse la confianza de alguna persona que, por trabajar en el entorno del sistema, posee la información necesaria para abrir la puerta de entrada al mismo. Obviamente, la "ingeniería social" es todo un arte y el "ingeniero" ha de ser cuidadoso para no caer o, de lo contrario podría convertirse en un "sospechoso habitual", ante cualquier anomalía o incursión que fuera detectada en adelante en ese sistema.
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